En la última visita del Papa a Africa, hemos asistido atónicos a un acto totalmente inhumano, venido de quien se espera, justo todo lo contrario.
El Papa afirmó sin ruborisarse que el uso del condón aumenta el problema del SIDA y lo dijo consciente del mal que hacía con estas palabras. Porque no puede ser de otra manera que una actitud dolosa, ya que la exquisita formación del “Jefe de Estado” Vaticano, no puede desconocer la certeza médica de que el uso del condon es el medio más eficaz para prevenir el contagio de enfermedades de transmisión sexual.
Por tanto fue una acción inhumana.
Esto no quedará así, puesto que desde la ONU, pasando por la OMS, por el Gobierno Francés y muy pronto, espero que por el Congreso de los Diputados de España, han condenado y condenaremos esas palabras irresponsables.
A este paso, tras casi dos mil año de dominación y poder de la Iglesia Católica, se empieza a vislumbrar en el horizonte el declive de la milenaria religión.
Estas posiciones radicales de la Iglesia frente a la salud pública y la mejora de la salud, suponen en la práctica el abandono y rechazo de muchos ciudadanos, cada vez más, que se alejan de la Religión.
Plantear hoy que no se investigue con células madre para mejorar la vida humana, o decir que el condon aumenta el SIDA, es tan absurdo y tiene tanta mala leche, que la espantada de obeja del rebaño es una realidad incontestable y sostenida en el tiempo en progresión geométrica.
Esto creo que es bueno, pero lo peor es que este proceso de pérdida de presencia social de la Iglesia y por ende, pérdida de poder, se va a llevar por delante a miles de personas enfermas de SIDA u otras enfermedades que podrían evitarse si en lugar de entorpecer ayudaran a la investigación con células madre.
Por eso lo dicho: Los postulados del Papa, perjudican seriamente la salud.